Las planillas del INDEC mostraron ayer una manchita en los pulmones del Gobierno: la baja de la inflación es el principal proveedor de oxígeno político para la gestión de Javier Milei y la radiografía de la estadística indica que los precios en noviembre aumentaron más de lo que habían subido en octubre. El problema es que esa misma mancha había aparecido en los estudios del mes pasado, en el anterior y también en el anterior. Para decirlo rápido, desde mayo, cuando la inflación fue de 1,5%, el ritmo de crecimiento de los precios se fue acelerando lentamente en una escalerita que, por ahora,llegó al 2,5%.

El cambio de clima, por supuesto, llegó con la relajación del cepo cambiario. Desde abril, cuando el Gobierno tomó esa medida, el precio del dólar comenzó a crecer, y aún así, los argentinos demuestran mes a mes que consideran que sigue siendo una compra barata y por eso siguen comprando como campeones, para usar la terminología del ministro de Economía, Luis Caputo.

Eso tiene consecuencias para la economía: los dólares que se compran no se usan para comprar en el supermercado, en el shopping o en la casa de electrodomésticos. Los dólares, según lo que se ve hoy, se guardan en cajas de seguridad o se gastan en viajes en el exterior. Mientras los argentinos sigan comprando dólares a este ritmo, la recuperación económica no sucederá.